Cabuda de datos

Columna de opinión publicada en Diario El Mundo – El Salvador. Sábado 7 de marzo 2015

¿Y quién ganó pues?, es la pregunta que me han hecho familiares y amigos fuera del país durante toda la semana. Incluso recibí una llamada de una radio estadounidense para que explicara en ese contacto lo que ocurre en El Salvador. No entendían el proceso. Les dije que yo tampoco.

No entiendo por qué desde 1992 que se firmaron los acuerdos de paz, seguirnos alargando las deudas de justicia en lo económico y saneamiento institucional. Si un ente tan importante y necesario como el Tribunal Supremo Electoral (repita varias veces el nombre para entender la dimensión de su función), continúa siendo dirigido por ideologías partidarias.

Un amigo, originario de Bulgaria, que vivió un año en El Salvador por su trabajo con un banco privado, terminó migrando a Panamá por las ventajas de inversión y el clima de seguridad que no pudo obtener aquí, me preguntaba cómo era posible complicar un evento tan sistemático como una elección. Le parecía absurdo hacer tan mal algo que se ha repetido tantas veces y con cada vez se había ido perfeccionando. Si bien era la segunda elección por rostro y la primera por voto cruzado, no era para tantos errores juntos.

No entiendo ni cómo se hizo el proceso de búsqueda, evaluación y selección de proveedores ni por qué tantas empresas para un solo proceso.

Platicaba con una psicóloga empresarial sobre el tema y me decía que era una “verdadera locura tener tantos eslabones para una cadena que debería funcionar más apretada”. Incluso el manejo de crisis cuando ya todo salió mal, el no tener plan “b” ni “c” para un proceso tan delicado como la seguridad del voto ciudadano.

Me explicaba las lecciones que ha impartido a infinidad de grupos en sus entrenamientos empresariales: un líder debe serlo en las buenas y en las malas, se delegan responsabilidad y no culpas, si algo sale bien se felicita a todo el grupo; pero si sale mal, se asume como individuo el no haber podido supervisar lo necesario y prever lo que podría salir mal. Cuando todo ha salido mal solo queda dar la cara y esa es la lección más importante, de esa manera se informa a tiempo y la gente sabe exactamente lo que pasa para no dejar vacíos informativos que la gente y los medios de comunicación, terminan llenando a través de otras fuentes.

“Si usted da la cara, informa exactamente lo que salió mal y explica sus opciones para enmendarlo, se obtiene la paciencia del afectado que le dará el tiempo para lograr la solución. Si no se dice nada y se delegan responsabilidades, la gente lo sabrá y lo tomará como si la estuvieran engañando”, indicaba.

No entiendo por qué se insiste en el pleito contra la Sala de lo Constitucional y no tiene nada que ver con ideologías partidarias. No puede ser que un derecho tan básico como elegir a quien mejor me parezca, deba implicar un desorden informático si el voto cruzado solo ha sido 6.91% a nivel nacional. ¿Qué ganamos con este estira y encoge entre partidos y entes rectores?, ¿acaso no vivimos en el mismo país?, ¿para qué seguir atrasando el desarrollo con berrinches ideológicos?.

A estas alturas del sábado, me atrevo a decir que la mayoría de salas de redacción, seguimos haciendo la cabuda de datos y calculando ‘a ojo de buen cubero’ los resultados, para intentar informar. En síntesis: a la radio extranjera que me pidió el enlace, solo pude contarle la lista de cosas que no entiendo y la colección de apuntes no oficiales. Insólito.¡’¡

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