11 – No provocarás

Veamos, ¿es posible estar medio embarazada?… pues tampoco se puede tener media libertad de expresión. Se tiene o no.

Si comenzamos a poner límites para lo criticable y calificar realidades como ‘intocables’, lo que estamos haciendo es condicionar esa libertad. Grave error.

Que me guste una opinión o no, es mi problema, no es problema de quien la emite. Si comenzamos a definir lo que es opinable y lo que no, lo que estamos haciendo es priorizar derechos. Hay un dicho de la cultura Zen que me encanta: “es muy fácil tener paz cuando no pasa nada. El reto es mantener la paz en medio del ruido”.  Pues eso: opiniones desagradables seguirán existiendo, la diferencia es cómo reacciono ante ellas.

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Esa fue la diferencia entre cerrar una revista que no me gusta y dejar de comprarla, o tomar armas y matar a doce personas.

Cuando se dice que la libertad de expresión tiene límites, lo que estamos diciendo es que de alguna manera -muy en el fondo- los doce caricaturistas de Charlie Hebdo se merecían ser masacrados porque, claro, se pasaron de esos límites en sus críticas. Ese argumento fue el paso previo a matar doce personas.

No existe tal cosa como  “libertinaje de expresión”. Ese “lamento lo ocurrido; pero se pasaron con sus dibujos” equivale a justificar el homicidio de Miss Honduras a manos de su pareja celoso porque “de seguro bailaba sexy con otro”, justificar el homicidio de Monseñor Romero porque “era un religioso metido en política”, justificar la masacre del Mozote porque “no se podía distinguir guerrilleros de civiles”…

Anoche encontré una caricatura que lo explica muy claramente:

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Y eso incluye la religión. La que sea. Todas. Como parte de la historia y como engranaje de las sociedades, la religión es de los principales influenciadores que pueden -y deben- ser discutidos, opinados, argumentados y analizados en todas sus aristas. No se puede esperar que se cataloguen las religiones y filosofías como intocables. El adoctrinamiento desde temprana edad según la tradición de esa cultura o familia en particular, determina en cierta parte el tipo de nuevas generaciones que estamos formando y si de eso depende el tipo de líderes y seguidores que tendremos mañana, lo menos que podemos hacer es cuestionar esos fundamentos.

Han pasado muchas situaciones antes y después del atentado contra Charlie Hebdo. Nuevo secuestro de decenas de adlescentes por Boko Haram, nuevos secuestros por ISIS, más violencia en Franja de Gaza y muchos otros temas que se nos van olvidando cuando surgen nuevas desgracias. Muchas de ellas amarradas a una fe mal entendida. No hay que generalizar; pero que el papa Francisco pida que no se toquen las religiones, es enviar el mensaje equivocado a un mundo que ya cuesta entender y entenderse.

Saber criticar y cuestionar no implica negar automáticamente. Al contrario, estoy segura que al cuestionar nuestras propias creencias -religiosas y de cualquier índole- nos aseguramos una visión más clara y tranquila de eso que creemos. Si mi fe tambalea ante la mínima provocación, quizás mi base no es tan firme como me enseñaron.

¿Se imaginan comenzar a clasificar lo opinable?:

-Se puede criticar al dios católico porque se les olvida rápido

-Al dios judío no mucho; pero depende.

-Puedo despedazar al budismo porque no es religión y se les pasa con meditar

-Al dios musulmán ni se les ocurra porque ya ven lo que pasa

Y así seguiremos aumentando el prejuicio contra el Islam cuando en nuestro país -para no ir muy lejos- un sector conservador y muy religioso, aumenta su prejuicio contra los religiosos que denuncian injusticias.

Seguir poniendo ‘peros’ a una libertad es una propuesta de seguir sobando el lomo a nuestra comodidad, de evitar salir de nuestra zona segura para que nadie rete nuestra forma de pensar, para no obligarnos a mover ni un solo músculo del cerebro porque qué pereza pensar -o al menos considerar- lo diferente.

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Recuerdo una reunión con amigos, uno de ellos ya borracho provocaba a otro diciendo que ser gay es ser “desviado” y más calificativos. Cuando yo estuve a punto de reaccionar para callarlo, el que debió sentirse ofendido, le dio medio abrazo y le pasó su vaso para brindar. Esa fue una lección para mi. Ni estaba ofendido, ni su reacción fue demostrar la equivocación del otro. No quiero pensar lo que hubiera pasado si yo reaccionaba harta -según mi causa de apoyo LGBTI-  o entre ellos comenzaban a discutir lo ‘correcto’ de ser. Habría sido la de nunca acabar y probablemente el buen momento se habría arruinado.

Y el razonamiento que en El Salvador asesinan a quince personas al día y lloramos por doce al año en Francia, es un argumento vergonzoso que minimiza un hecho grave que pretende seguir reduciendo la vista. Así como nada justifica lo que pasa en lo local y seguimos siendo incapaces de solventar como sociedad, tampoco se justifica callar plumas. La misma violencia que callamos aquí, callamos allá.

Esa propuesta de evitar provocaciones, no solo es antinatura, es también una involución del ser social.

Les comparto un escrito fabuloso, justamente titulado PERO –  The Watcher and The Tower

Mi artículo anterior: La confusión de ‘ser Charlie’

Y por último, un recordatorio de lo que hace la apertura de mente. Cuando sabemos integrar en paz las diferencias: Religiones por la Paz – Capítulo El Salvador

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