‘Text me’

El lunes 5 de mayo fui al aeropuerto a traer a una de mis tías que viene de visita. Eran las 7:30 pm y llegué a la hora exacta. La carretera está en muy buenas condiciones, señalización reflectante nueva y muy segura.

No estaba segura si mi tía saldría rápido de sus trámites o se tardaría más de media hora. No quise pagar parqueo, así que conduje lo más despacio que pude para hacerle tiempo. No habían más que otros dos vehículos haciendo lo mismo.

Se acercó a mi ventanilla un policía. No era de Tránsito, era un ‘azul normal’ de seguridad. Supuse que me iba a pedir que me retirara del lugar aunque estaba en espera permitida. Lo que pasó, nunca se me va a olvidar:

– “Buenas, señorita. ¿Está esperando a alguien?”

(Pensé en responderle: “no oficial, vine a ver una película al aeropuerto”. Pero me arrepentí del sarcasmo)

– ‘Sí oficial, vengo por una tía’

– “¿Y tardará mucho?”

– ‘Su vuelo es el 425 de las 7:30. ¿Por qué?’

– “Ah no, entonces no tardará en salir. Ese ya vino”

(Me parecieron preguntas extrañas viniendo de alguien que no tiene relación con vuelos y horarios, mas que con seguridad de visitas).

– ‘¿Necesita que me mueva de aquí?. Es que ella no puede caminar mucho y quiero estar cerca cuando salga’, le dije en confianza.

– “No hay problema señorita. Pero quédese más adelante de esos conos, por favor”, me respondió muy amable.

Cuando estaba a punto de girar la llave para encender el motor y adelantar unos metros, me interrumpe el policía:

– “Mire, le puedo hacer una pregunta en confianza?”

– ‘…ajá…?’. Respondí con mucha duda

– “¿Me puede traducir ésto?” y sacó de la bolsa de su uniforme un post-it amarillo con la frase TEXT ME escrita en tinta negra.

Lo miré bastante incrédulo pensando si era un nuevo examen de alcoholemia para conductores sospechosos o alguna broma por televisión y las cámaras saldrían de todos lados.

– ‘Eso significa textéame, o sea, enviar un mensajito de texto por el celular’

El policía, un tipo de unos 28 años de edad, delgado y bastante moreno, se puso completamente rojo del cuello y la cara. Rojo, rojo!.  Y me dijo tartamudeando:

– “¿Y eso ¿por dónde lo mando?”

(No lo pude evitar, suficiente me había aguantado)

– ‘Aaaaaay señor policía, ¡anda de pícaro con una gringa!’

– “jajajajaja bueno… pero dígame si esos mensajitos son cobrados…”

– ‘Depende cómo los mande. Si es un SMS sí son cobrados; pero…’

– “Ella me dijo que por el tal WhatsApp era gratis”

– ‘ jajaja sí, eso le iba a decir. Descargue WhatsApp y…’

En ese momento, saca de la bolsa de la camisa un lapicero y me extiende la palma de su mano frente a mí:

– “Escríbame aquí el nombre ese… ¿y ese programa puede traducir del español al inglés?”

– ‘¿Cómo así?’… le pregunté pensando que era -probablemente- la conversación e interlocutor más extraño que he tenido en mucho tiempo.

– “O sea, si ella me escribe en inglés, a mi me llega en español y al revés!”

– ‘Ah, no lo se, oficial, creo que WhatsApp no hace eso. Probablemente otra aplicación sí. Pero puede usar el traductor gratis de Google’

– “Vaya. Muchas gracias señorita. Su tía parece que todavía no sale. Espérela adelantito de los conos aquellos de allá”

– ‘Adios oficial, cuídese. (Solo por tentar mi suerte:) ¡pórtese bien!’

Ya no me contestó, solo levantó la mano y lo vi por el retrovisor. A los cinco minutos apareció mi tía, la abracé, la subí al coche y antes de preguntarle por el vuelo, le conté todo esto. Llegamos a Olocuilta analizando el proceso de enamorarse a distancia de un policía. Si de casualidad le pasa igual que al resto de los humanos…

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