Polvo Bajo la Alfombra

A todos nos duele la mentira y la venta de lo único que nos hace (más o menos) felices: el fútbol; pero ¿el castigo impuesto por la FESFUT es suficiente?.

Pienso que ese caso es un reflejo perfecto de la sociedad que estamos dejando crecer: desidia en el deporte y la promoción del mismo, pobre infraestructura para el desarrollo y práctica de deportistas, poca o nula búsqueda de nuevos talentos para dejar de vivir de viejas glorias, atacamos ideológicamente a los valientes que se atreven a hacer algo por sus propios medios, poco o nulo reconocimiento económico a los ganadores para incentivarlos a que puedan vivir dignamente de su talento deportivo y concentrarse en aumentarlo, escasa imagen de marca país como para aprovechar un mercadeo que permita lo anterior…

No me malentiendan, absolutamente ninguna situación justifica la falta de ética de venderse, en fútbol y cualquier otra situación; pero ya que lloramos por cuatro partidos de fútbol vendidos ¿lloraremos por los partidos políticos o funcionarios con prácticas similares?.

La pregunta no es por qué los jugadores tomaron la decisión de solventar un ingreso económico por la vía fácil; pero como grupo social son un espejo de lo que ocurre en otras esferas y estamos tan acostumbrados que ya no nos duele, mucho menos cuestionamos.

“Hay que aprobar una ley contra lavado de dinero; pero solo por un tiempo en funciones”. “Investigar a los funcionarios de alto rango; pero no a sus familiares porque no es justo”. “Está bien que arreglen las calles; pero no al mismo tiempo” o “qué sospechoso que sea previo a las elecciones”.  Así vivimos: a medias y aprovechando la menor provocación para desacreditar la opinión ajena con insultos de colores partidarios y santa respuesta.

Ese castigo de la FESFUT fue como barrer el polvo y meterlo debajo de la alfombra. Todo el peso de la opinión pública sobre los ‘vende patria, mal nacidos’ como diría un ex DT; pero ¿y los demás involucrados?. Ya nos acomodamos a que paguen los “catorce judas”, los matamos socialmente y suponemos que el problema terminó. ¿De dónde salió el dinero para los amaños: bancos, cuentas, países, socios?, ¿y en las otras materias del país donde pasa lo mismo?, ¿quién suspenderá de por vida a los corruptos?, ¿obligaremos a quienes malversan fondos a que cuelguen sus botines?.

Preguntas sobran y cada uno tiene la suya según lo que le interesa analizar. El fútbol nos duele a todos porque es la única poca distracción para la sociedad (cuando no hay morteros ni disparos en los estadios); pero la pregunta es ¿cómo evitamos que suceda otra vez y en otros lados?

P.S.

A la Selecta de Playa: su talento y dedicación no ha tenido límites, nuestro agradecimiento como país, tampoco.

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