Crónica de un luto telefónico

Me tengo que desahogar.

Lunes por la mañana.

Entro a la redacción, soy la segunda en llegar a la mesa de editores. Enciendo la luz blanca que me da sueño, sacudo un poco mi escritorio, voy a lavarme las manos, de regreso paso llenando mi botella con agua, me siento, enciendo la pantalla del ordenador y suena el teléfono.

– Buenos días, redacción Diario El Mundo

– “Buenos días señorita, me puede decir si ahí está trabajando Ivonne Veciana?”

– [Me entra la paranoia]… ¿Con quién hablo?

– “Soy la esposa de Don S**** Q********, el que fue su contador”

_ La reconozco de inmediato y me enternece escuchar su voz de 90 años de edad_ – ¡Señora! ¿Cómo está?! ¿Qué gusto oirla!! ¿Cómo va todo?!!

[Silencio]

[Llora]

– “Le hablo porque mi esposo le dejó muchos saludos. Murió el 15 de mayo”

[Me trago el llanto]

– Señora no sabía. Lo siento tantísimo. ¿Por qué no me avisó para acompañarla? Lo siento mucho.

[Sonríe un poco]

– “Gracias niña. Él me acompaña siempre. Le hablo porque mi viejito la quería mucho a usted y a su mamá. Años de llevarles la contabilidad y resolverle a usted cada traba en Hacienda. ¿Se acuerda cuando le explicaba los estados de cuenta y de resultado para su materia en la universidad que tanto le costó?”

– jajaja qué memoria la suya. Eso fue hace más de ocho años!! Odiaba contabilidad en la U y Don S**** me ayudó a entender los números… ¿Cómo está?

– “Ya se imaginará. Mi viejito bello murió a los 96 años. Ambos fuimos segundo matrimonio del otro al quedarnos viudos. Nos conocimos después de los 60 años y mire… casi los treinta años juntos y muy enamorados. Pero estoy bien, ya era hora”

[Imposible tragarme el llanto. Me separo el auricular de la boca para que no se escuche]

– Yo se que se amaban mucho… [no logro decir nada más. ¿Quién se cree la muerte que es para hacer eso?!]

– “Imagínese cuánto que todavía le ando hablando por la casa y le doy las buenas noches antes de dormir. ¿Se acuerda que siempre la molestaba a usted que cuándo era la boda y usted le contestaba riendo que primero le consiguiera al novio?”

– [Amago con reirme pero sale chueco] ¿Y no me dejó algún novio en el testamento?

– “jaja no. Pero yo quiero contarle que mi viejito me dijo un día que usted baila flamenco. Es cierto?”

– Aprendí un poco de lo básico. La que baila bonito y daba clases es una de mis primas. ¿Por qué?

– “Porque soy una viuda pobre. Mi viejo no dejó dinero en el banco, carro, casa ni cotizó nunca en el seguro social para cuando me quedara sin él, entonces yo encontré unas viejas castañuelas que guardaba. Son originales porque dicen abajo ‘hechas en España’ y quiero preguntarle si sabe quién me las pueda comprar”

[Puta, puta, mierda mierda de tristeza]

– ¿Cuánto quiere por ellas?

– “A $10 las doy”

– No señora. Si son de madera antigua y originales, valen mucho más. Véndamelas a mi. Se las guardo yo.

– “Vaya niña, mañana llego al diario. ¿Como a las 5 de la tarde está bien? Es que fíjese que estoy viviendo con mi hija y mi yerno por aquí cerca”

– A la hora que quiera. Solo pregunte por mi en recepción.

– “Vaya. Qué alegre que la voy a ver. Ha de estar bien grandota, verdad?”

– jeje de la cintura nada más.

– “jajaja vaya pues, voy a salir a caminar y la miro mañana. Salúdeme a su mamá de parte de los dos”

– De parte de los dos, con gusto. Cuídese mucho.

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