Lo que se extraña…

Se extraña ser niño. Sentirse protegido. Saber que hay una mamá y un papá con superpoderes e inmortales. Tener amigos para siempre y secretos importantísimos a los ocho años.

Se extrañan las vacaciones. El tiempo donde la cabeza esta llena de todo menos de trabajo. El sol se siente más rico, la lluvia más cómoda, la cama más tibia y el tiempo manipulable.

Se extraña el cole. La seguridad de una rutina que nunca era igual. Los regaños que nunca importaron, las clases perdidas, las travesuras en los baños, la atención de enfermería y la complicidad de tu grupo. Sentir que falta tiempo y que sobra vida.

Se extrañan ‘los de la colonia’. El aprender a vivir, las nuevas experiencias, la satisfacción de la noche y un carro para todos. Las luces de la calle no eran iguales, ni la música, ni las fiestas.

Se extraña el primer amor. Quizás el único al que le queda ese nombre. La ilusión eterna, la tranquilidad de un abrazo, la serenidad de la compañía, el no tener que hablar porque todo está bien.

Se extraña una mascota. Los bigotes, las orejas de peluche, la cola contenta, los saltos sinceros, las lamiditas humildes, el abrazo digno, los juegos en la naturaleza, lo básico de la vida. Ese sí es amor.

Se extraña la juventud. La emocional. La ingenua. De alguna manera se olvida que va en la cabeza y en el alma y siempre se extraña. El verte bien, el sentirte bien, el quererte bien. Esa juventud de uno mismo con uno mismo.

Se extraña algún tío. El que consiente, el que guarda para ti. El que encubre algo o todo. El que ayuda, el que te ve como hijo. El que malcría porque es peor que tu.

Se extrañan los días de asueto. Por la longitud de una enfermedad benévola, por alguna calentura de pollo, por una pierna quebrada. La sopita caliente, el termómetro y el vick vaporub con té de manzanilla. El yeso firmado por todo mundo. La televisión a horas no acostumbradas, la doble almohada y el doble sorbete.

Se extraña el primer trabajo. Lo grande que se sintió el mundo y el ego también. El primer jefe con la primera felicitación. El primero ‘buen compañero’ y el primer salario. El primer regaño con sensación de fracaso a esa edad que te permite decir “otros vendrán”

Se extraña alguna comida. La que un día se probó y nunca más. La que se come todos los días como si fuera el primero. La que probaste una ocasión y no pudiste replicar en tu casa. La que te inventaste y a nadie le gustó; pero se recuerdan las risas. La que probaste con alguien que ya no está y comerla es extrañar. La que se antoja por alguien que comía en el vientre y la que te prohibieron por una enfermedad.

Se extraña la tranquilidad. Los días sin tener que decidir, o por lo menos nada trascendental. La época en la que todo iba bien. Nadie se iba, nadie se moría, nadie se enfermaba, todos se reunían, siempre había tiempo, nada urgente. El despertar sin que nada te pese, el dormir sin llorar. Se extraña la inocencia. cuando nadie te mentía ni traicionaba, ni sabías qué era eso. Cuando no conocías de guerras, hambre, abandono, políticos miserables y todavía existía Santa Claus

Se extrañan los abuelos. Porque si el tío aquel consiente, los abuelos más. Los sabios, la compañía perfecta, la caricia arrugada, las canas que brillan, las bromas con dulces. La voz suave, el paso pequeño, los pasteles horneados, las herramientas antiguas, los libros extraños, las curiosidades, los consejos, los recuerdos…

Se extrañan los papás …si alguno no está, se reza todos los días. Si están lejos, también. Si nunca se conocieron, si se comparten o no, igual se les habla al viento. Se extrañan porque cambian, porque cambiamos nosotros, cambia la realidad y nos vemos cambiar a la par. A veces con angustia que al crecer nosotros, los empujamos a ellos al final de la vida…

Extraño moverme. De lugar y de aire. Extraño los besos en la mano y algunos en la frente. Extraño no necesitar tecnología y las enciclopedias SALVAT de los animales (Con pasta verde, dura y escondidas en la librera del abuelo)

Extraño las sorpresas. Pero más aún, la capacidad de sorprenderme. Hoy me cuesta mucho.

Extraño…

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2 Respuestas a “Lo que se extraña…

  1. Me encantó el artículo. Es una estupenda forma de valorar muchas de las cosas que por la siempre mutable rutina, dejamos de ver.
    Gracias por recordarme que también extraño muchas de esas cosas.
    Saludos!

    • Qué gusto verte por aquí Rolando! Siempre aprendo de tus blogs de new marketing y temas multimedia… me alegra que conectaras con esas cosas entrañables. Es bueno recordar y agradecer que se vivieron. Saludos a tu esposa y seguimos en contacto

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